Cesc Fabregas está llamado a protagonizar el culebrón del verano azulgrana. El capitán del Arsenal es el objetivo prioritario de la directiva saliente, y también de la entrante. Sin embargo, y a pesar del relevo presidencial -que se hará efectivo el próximo 1 de julio-, la postura del conjunto inglés no ha cambiado: Cesc no se vende salvo dinero (y mucho) de por medio.
Ante este panorama, Sandro Rosell se muestra tranquilo: considera al centrocampista un fichaje preeminente, aunque no hasta el punto de hacer locuras por él. La intención es no pagar más de 45-50 millones de euros. Si el Arsenal no aceptara esas cantidades, se irá a por otro objetivo.